Alarma por estudio sobre personal de hospitales / WITH ENGLISH VERSION
Investigación encuentra que el personal se niega a adaptarse a las medidas de seguridad para evitar contagio de infecciones graves durante la estancia de un paciente en el hospital.
ANN ARBOR, Michigan.—Las conclusiones del estudio, que fue financiado por el Departamento de Asuntos de Veteranos, el Servicio de Investigación y Desarrollo de Servicios de Salud, y el Programa de Realce de la Seguridad del Paciente de VMAC de Ann Arbor y la Universidad de Michigan, se publicará en la edición de mayo de 2009 de la revista The Joint Comisión Journal on Quality and Patient Safety.
El trabajo es importante porque las infecciones pueden conducir a deficientes resultados para el paciente y resultan costosas para los hospitales.
Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC por su sigla en inglés), las infecciones vinculadas con la asistencia hospitalaria llevan a unas 90.000 muertes cada año y cuestan a los hospitales de Estados Unidos 6.700 millones de dólares anuales.
Dado que muchas de estas infecciones pueden evitarse en octubre de 2008 el sistema Medicare de subsidio gubernamental de la atención de la salud dejó de rembolsar a los hospitales de EEUU por los costos adicionales del cuidado de los pacientes con infecciones adquiridas comúnmente, tales como las vinculadas al uso de catéteres urinarios y vasculares, dijo Sanjay Saint, director del Programa de Realce de la Seguridad del Paciente de VA/UM, quien fue el investigador principal en este estudio.
El estudio apuntó a determinar qué impedimentos existen en la aplicación de las nuevas prácticas de sanidad que previenen las infecciones, con una atención especial al papel que desempeñan el personal del hospital y la cultura de la organización.
“Buscamos comprender por qué algunos hospitales parecen estar activamente comprometidos y dedicados a la prevención de las infecciones en tanto que otros parecían ser displicentes en su enfoque”, dijo Saint.
Los investigadores llevaron a cabo entrevistas detalladas por teléfono y en persona entre octubre de 2006 y septiembre de 2007 con 86 participantes entre los que había funcionarios ejecutivos principales, jefes de personal, epidemiólogos de hospitales, profesionales de control de infecciones, directores de unidades de cuidado intensivo, jefes de nurse, médicos de primera línea y nurses en 14 hospitales en todo el país.
Tomando en cuenta las consecuencias clínicas y económicas de las infecciones asociadas con el cuidado de la salud, se han puesto normas y recomendaciones a disposición de los hospitales y el personal clínico para evitarlas. Esta disponibilidad, sin embargo, no ha resultado suficiente para asegurar que los hospitales las apliquen.
El estudio encontró que la resistencia al cambio en las prácticas es un problema generalizado. También encontró los siguientes aspectos que son barreras para la aplicación de las recomendaciones y normas:
1. La resistencia activa a los cambios en las prácticas por parte de los médicos de atención, los médicos residentes o las enfermeras.
2. El estudio encontró la presencia de “factores de estreñimiento organizativo”. Estos fueron funcionarios ejecutivos de nivel medio a nivel alto que impedían o demoraban ciertas acciones sin una resistencia activa, actuando por lo tanto como obstáculos insidiosos para el cambio a que incrementaban el esfuerzo requerido para la aplicación de los cambios.
En conclusión el estudio encontró que los resistentes activos y los “factores de estreñimiento organizativo” parecían ser impedimentos significativos en la traducción de la investigación a la práctica. La resistencia activa al cambio fue un problema que se percibió en todos los sitios de estudio. (Michigan University News)
Hospital personnel and cultures hamper efforts to enhance safety, U-M study finds.
ANN ARBOR, Mich. - Hospital personnel and deeply entrenched organizational cultures can stifle efforts to prevent serious infections commonly acquired during hospital stays, a U-M study finds. Findings of the study – which was funded by the Department of Veterans Affairs, Health Services Research and Development Service, and the Ann Arbor VAMC/University of Michigan Patient Safety Enhancement Program – appear in the May 2009 issue of The Joint Commission Journal on Quality and Patient Safety.
The work is important because infections lead to poor patient outcomes and prove costly for hospitals.
According to the Centers for Disease Control and Prevention, health care-associated infections, also known as HAI, lead to about 99,000 deaths per year and cost U.S. hospitals $6.7 billion per year.
Because many of these infections can be prevented, in October 2008 Medicare stopped reimbursing U.S. hospitals for the extra costs of caring for patients with commonly acquired infections, such as those associated with urinary and vascular catheter use, says Sanjay Saint, MD, MPH, director of the VA/UM Patient Safety Enhancement Program, and a lead researcher in the study.
The study aimed to determine what barriers exist in the implementation of new safety practices to prevent infections, focusing on the role played by hospital personnel and organizational cultures.
“We sought to understand why some hospitals appeared to be actively engaged in and committed to preventing infections while others appeared lackadaisical in their approach,” Saint says.
Researchers conducted in-depth phone and in-person interviews between October 2006 and September 2007 with 86 participants, including chief executive officers, chiefs of staff, hospital epidemiologists, infection control professionals, intensive care unit directors, nurse managers, frontline physicians and nurses in 14 hospitals across the United States.
Given the clinical and economic consequences of health-care associated infections, guidelines and recommendations have been made available to hospitals and clinicians to prevent them. Their availability, however, has not proven to be enough to ensure hospitals put them in place.
The study found that resistance to changes in practice was a pervasive problem. It also found the following themes as barriers to implementation:
1. Active resistance to changes in practice by attending physicians, resident physicians, or nurses.
2. The study also found the presence of ‘organizational constipators.’ These were mid- to high-level executives who prevented or delayed certain actions without active resistance thereby acting as insidious barriers to change by increasing the work required to implement changes.
In conclusion, the study found that active resisters and ‘organizational constipators’ appeared to be significant impediments to translating research into practice. Active resistance to change was a universal problem in all study sites. (Michigan University News)
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